"Mentiras simples, pastillas, y un hogar que no es mi hogar."
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No.

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Razón, siempre la razón. El escudo invisible que ahuyenta los abrazos, que se olvida del sentir.
Yo, yo soy mi razón, yo me escapo de los otros, y lloro por no pertenecer. Por dentro, en lo más profundo, donde nadie quiere entrar. Nadie quiere, ni yo. Porque lastima, ser parte de la nada (o no ser parte de algo).
- Corré, corré. Alejate. No sientas porque duele.
No sentir. Estar lejos. Ser lejana. NO.
No quiero.



Esto no es felicidad. Es ausencia.
- Al fin. No aguantamos más.


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Claridad

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Sentir todo, dijo un loco lindo por ahí.
Lo real, lo tangible.
Volver, siempre, porque te hace bien, porque lo querés.
Lo escuchaste, y lo pensaste, tal vez demasiado.
Las cosas, las palabras, tu cabeza en la almohada.
Tu cabeza en otro lado, pero acá.
¿Podes sentir la velocidad?
Completamente inmóvil.
El tiempo no existe al fin,
y aún así lo medís, vas a mil.
Y en el camino,
en tu mente,
te encontrás con todo; y lo desconocido;
esperas el momento más difícil,
el enfrentamiento más violento, angustiante e imposible...
Encontrarte.



"Nos pasan tantas cosas en la vida,
que si aparece el Sol
hay que dejarlo pasar."
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Anhedonia I

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No se puede escapar de la risa idiota de los insensibles, que miran desentendidos ante una lágrima de ira, y que, ignorantes de la imprudencia de sus manos, se regocijan apuntando con sus torpes dedos en cuanto asoma la cabeza esa natural contradicción humana.

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El arte de perder.

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Está llorando el domingo
sobre el mar de mis
caídos,



y no es suave ver las almas
de cielos perpetuos que maté.
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Todos mis muertos

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Soñé con un reencuentro imposible. Un reencuentro de muertos entre los vivos, o de vivos entre los muertos. Un reencuentro de despedida. Una despedida de llantos y abrazos, de te quieros y gritos ahogados.
Soñé con todos mis muertos, y felices, con sus sonrisas y sus frentes descubiertas. Les conté a todos que estaban allí, y sólo así pudieron verlos.
Besé y abracé a mis abuelas. Miré con entendimiento a mi tío. Pero por más que lo intenté, sólo pude creer encontrar a mi abuelo en la cara de todos, hasta abrir lo ojos y desencontrarlo. No recuerdo esa cara que nunca conocí, pero sé que estaba allí, y no era el momento.
Lloré hasta que desperté, con mi mano derecha acalambrada y puntadas en la cabeza como agujas que entraban y salían, dudando si había sido cierto.



Esas cosas que uno necesita escupir.

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Tampoco ves...

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Que el cielo y la mirada a veces me cambian de color.
Que de vez en cuando no hay sintonía entre mi voz y tus oídos, entre mis oídos y el mundo.
Que tal vez no haya más y cada vez sea menos.
Que me levanto y me tiras, y si tropiezo me condenas al miedo de volver a hacerlo.
Que de alguna manera estoy tratando de hablarte con la esperanza de que abras tus sentidos.
Y que mientras tanto, este mundo, y vos, me dirán que siempre es mejor mirar a la pared.

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16 besos en la espalda

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El roce con tu piel desnuda,
recorriendo cada molécula de tu cuerpo,
enredada en tu pelo y tu mirada,
en tu aliento y en tus labios.

La penetración infernal
y la caricia celestial.

Entumecida entre tus brazos,
que rodean mi cuerpo,
delirando en el placer,
arañando tu piel en celo.

Sentí el deseo
y ya nada faltaba,
hoy recuerdo el escalofrío
de esos besos en la espalda.


Algo de antes.
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Fuimos, somos, seremos

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Sí, amiga; hubo alguna vez un instante, tal vez sea este, o este, en el que fuimos, y tal vez somos, la misma persona.
Ahora soy lo que alguien alguna vez fue, lo que alguien es, lo que alguien será, y tal vez se repita tantas veces en tantos instantes de tantas personas.
Y vos estás allá, y yo estoy acá, y tal vez siempre haya un punto de conexión entre vos y yo, entre vos y él, entre ella y yo, entre ella y él.
Si dejáramos de medir el tiempo y los espacios...

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Dibujarte


Dibujarte es delinear tu alma y tu figura; que mis manos te creen nuevamente, como si una parte de vos se fuera con ellas.
Dibujarte es retratar mi delirio; la poesía oculta que te aguarda impaciente. Es conservarte más que en el sueño de tenerte cerca un instante más.
Dibujarte es entregarte a mis manos a mi voluntad; entregarme a mis ojos y a tu mirada vista por ellos.
Dibujarte es escribirte sin idioma y desafiar al tiempo con tu cuerpo.


Algún día estará tu rostro entre estas líneas.

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Manifiesto de películas

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Fue una noche extraña, fueron demasiadas sensaciones, y trataré de explicarlo.
Acostada en el pecho de mi amigo, tirados en la calle (no recuerdo cuál), sentía un frío que en cualquier momento me cortaría la piel; cerré los ojos, y cuando los abrí, estaba en el Polo Norte. Sí, vi la nieve, ví montañas, y los pingüinos estaban allí, asegurándome que no era una ilusión. Aún así, me dormí. Cuando desperté, por una extraña sensación, inmóvil quedé al ver a un hombre vestido de traje negro, parado, mirándonos. Eran las cuatro de la mañana, no tenía sentido lo que estaba viendo. Intenté despertar a mi amigo, tratando de no moverme ni hacer ruidos. El hombre seguía ahí, y mi amigo no reaccionaba. Recosté nuevamente la cabeza y me hice la dormida; cuando volví a abrir mis ojos, no había nadie. Me estaba volviendo loca.
No aguanté más el frío, así que le pedí a mi amigo que fuéramos a algún bar. Nos sentamos uno en frente del otro, y pedimos un trago. Dí un sorbo, y mi estómago se rebeló. Corrí al baño y sentí que el vómito corría por mis venas, por mis brazos, cada vez más, hasta llegar a mis manos, mis dedos se hincharon, sentí la agonía, creí que iba a explotar. Logré calmarme, sin sentirme mejor, y volví a la mesa. Mareada y con baja presión, intenté enfocar la cara de mi amigo que me hablaba. No podía escucharlo, o mejor dicho, no podía entender lo que me decía. Su cara pasaba en diapositivas de película, tenía los bordes de los negativos, y se reproducía; estaba mirando una película muda, en vivo. De un instante a otro, sin que mi amigo parara de hablar, me vi en una pileta, ahogándome, ensangrentada, y se manifestó el asfixia en la realidad. Tuvimos que salir a tomar aire, no podía más con mi cuerpo ni mi mente, estaba entumecida y desesperada. Descansamos en unas escaleras, y nos quedamos dormidos. Sonó el celular, era de día, y simplemente desperté.


Basado en una historia real, narrado en primera persona, sin nombres.


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Luz

Así que, a la hora del Sol, donde predomine mi nombre, formaré el tuyo, y tu cuerpo yacerá en la luna, en la paz, y jamás (¡nunca jamás!) habrá obscuridad. Tus ojos deben seguir siendo lo que son, lo que están hechos para ser. ¿Para verme a mi, entonces? No, para ver TU luz, y la de los demás.



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